¿De qué va todo esto?

Sencillo. Me gusta leer, pero me encanta escribir. Pienso que es una forma de relajarse y expresarse donde nadie nos puede callar.

Son mis crónicas, reseñas, escritos, pensamientos de los libros que he leído. Intentaré subir uno cada semana.

Estoy en proceso de escribir, así que los comentarios son totalmente apreciados. Me considero un "escritor estúpidamente apasionado".

El punto de todo esto es sientas lo que yo sentí al leerlo e imagines los pasajes como yo lo he hecho. ¡Que leas el libro!

miércoles, 24 de junio de 2015

Crónica 3: Los chicos congelados y “no pises las rayitas de sal


…Y el puto bus se congeló. Recuerdo esta parte. Y sí, he de admitir que fue el viaje más puto frío de la vida –tranquilo, que días después vendría uno peor-. Me desperté en Uyuni, con la mitad de mí ser congelado; también tuve que despertar a mi acompañante, pero ella quería cinco minutos más.




Después de una breve estadía en la ciudad nos embarcamos en lo que sería el tour del viaje. Ahí conocimos a Lester –el brasileño-, a Naomi –la chileholandesa-, a Scott –el australiano-, a Martin –el danés- y a Rubén –el boliviano-. Todos tendríamos apodos a lo largo del viaje, y a continuación los mencionaré: Brasil, Naomi, Capitán Jack Sparrow, Martin, Rubens,  One y Minnie Mouse.






Pues nuestra primera parada fue en el cementerio de trenes. Un desierto que alberga alrededor de 10 trenes, las hazañas y el polvo estaban a la orden del día. Ahí comenzamos a hacernos un poco allegados a Brasil. Después seguimos al –tan esperado- Salar de Uyuni, yo esperaba que fuera un lugar pequeño, pero para entrar tuvimos que recorrer decenas de kilómetros. Realmente era ¡gigante! La primera parte en conocer fueron los ojos de sal, una especie de lagunas donde brota un poco de agua. Adivinen que estúpido la probó… Si su respuesta fue Juan, usted acertó. Después nos adentramos más (sí, más) al salar, Naomi dijo: ¿por qué no almorzamos aquí? Y como todos asentimos, lo hicimos. Después de una sesión de fotos jugando con la perspectiva y los consejos “de no pisar las rayitas en la sal”, nos adentramos a una isla-roca, ahí no había mucho que hacer así que nos relajamos. Hubo que salir del salar antes del atardecer, porque si nos quedábamos había grandes posibilidades que nos quedáramos petrificados en sal… no es cierto, sólo iba a ponerse oscuro y complicado de salir; pero es cierto que es inmenso y hay un punto donde no se ve nada.





Esa noche la pasamos en un hotel de sal y no es que fuera de sal precisamente, pero el suelo sí tenía sal, digamos que era de medio sal. Luego de cenar compramos una botella de vino… error número uno (todas, absolutamente todas las malas historias comienzan comprando una sola botella de vino, lo sabré yo y la pandilla de Lunahuana), luego el mejicano quiso sacar su mezcal y sus grillos. No debo de decir que fue el fin de ambos, ¿el pretexto? El frío. La historia de cómo esta borrachera acabó no la puedo contar aquí… pero acabó mal, sólo estoy autorizado a contar que un iphone y tres botellas de pisco fueron las víctimas. ¡Chicos, recuerden, el alcohol en exceso hace mal!




Antes de comenzar a beber de esa manera, salimos a caminar –obviamente con todo lo que teníamos de abrigo-, esta fue una de las experiencias que más recuerdo del viaje. El frío, los amigos, los gritos, la caminata, la locura; pero sobre todo el paisaje. Jamás vi un cielo estrellado tan lindo en mi vida como ese. Jamás me hubiera atrevido a salir si no hubiera sido por ellos. Y vaya que ese día hicimos cosas estúpidas… No es el lugar, es la compañía. Ellos fueron la compañía que más disfrute en el viaje.




Al día siguiente –un día lleno de resaca y sueño- nos dirigimos a una serie de lagunas, miradores y paisajes hermosos, que al menos yo, jamás imaginé que si quiera Bolivia podría tener. No es por demeritar a Bolivia, es por demeritar a mi corta imaginación. Pasamos por lagunas, lagunas hediondas, lagunas coloradas, desiertos, desiertos colorados, desiertos lagunas, sin fin de panoramas que yo no puedo describir. Vean las fotos. Esa noche no fue tan fría porque la pasamos juntos… En cambio el día siguiente sería el más frío de mi perra vida.







4:45 suenan cinco alarmas, nadie las escucha. 5 am tocan frenéticamente la puerta, es Rubens debemos apurarnos a desayunar si queremos alcanzar los geiseres, corremos, tragamos, engullimos, bebemos. Todo con la esperanza de ver esas fumarolas de la Tierra. -¡Acelera Rubens, acelera! Sólo queremos llegar. La temperatura de -5º se siente, todos la sentimos, pero intentamos no pensarla tanto. Al fin llegamos, pero no todos quieren bajarse a sentir los geiseres en sus caras, después de los primeros solo Juan y Brasil quieren y están dispuestos a sentir el enojo del frío. Tal vez son muy estúpidos, tal vez son muy valientes, tal vez son muy jóvenes… tal vez solo quieren disfrutar el jodido momento sin importar que la sensación térmica sea de -15º -gracias señor viento, es usted un hijo de puta-. Después de subirme al jeep me toma más de 15 minutos volver a sentir las manos, ahí tienes el por qué debes llevar guantes. El frío más fuerte de toda mi existencia.




Finalmente tenemos nuestra recompensa, por lo que hemos estado anhelado desde la cruda del día anterior: las aguas termales, los hot springs. Mi cuerpo lo necesita, lo rezuma. El único problema es que la temperatura fuera del agua sigue siendo bajo cero. Al carajo. Yo no viaje tan lejos para que una temperatura bajo cero me detenga. Compro las entradas, me quito mis cientos de abrigos y me zambullo en el calor. ¡Joder! ¿Cómo si quiera me atreví a dudar en entrar? Esto es vida. No quiero salir nunca. Quiero hacerme pasita y quedarme aquí por siempre… bueno, todos queremos.




Las aguas termales han acabado, necesitamos irnos. Todos sabemos que es el fin del tour. No queremos pensar en ello. Sabemos que es el final de este hermoso viaje. Cantamos, reímos, tomamos selfies para el recuerdo. Jo, que disfrutamos. Llegamos a la aduana, nos despedimos, nos abrazamos, nos besamos. Todos nos hemos tomado un cariño. Por azares del destino hay un destino inesperado… pero no estoy solo, el capitán, Brasil y Naomi me acompañan. Tristemente mi acompañante desde Lima y Martin deben volver. Me siento tranquilo porque van juntos, me siento triste porque ella debe irse. Quisiera que ella me hubiera acompañado todo el viaje. Nos despedimos, no sin antes hacer una promesa que voy a cumplir… un país nuevo nos espera.



¿A dónde irá el idiota de Juan? ¿Habrá más frío o por fin un poco de temperatura chilanga lo espera?





Así es… próximo miércoles estas respuestas.


miércoles, 10 de junio de 2015

Crónica 2: "Peripecias en la frontera, y los misterios de la noche boliviana"

¿En qué nos quedamos? Yo más o menos lo recuerdo... Un policía boliviano nada agraciado y un mexicano intentando cruzar una frontera -bastante arquetípico si me lo preguntan-.

Él me pregunta: Hola, joven, ¿qué haciendo por acá? Yo respondo: ¿yo? viajando, con la señorita. Entonces me comenta que tiene que hacerme una inspección sorpresa porque es la rutina, -o eso intento hacernos creer-. Si ustedes se ponen a leer detenidamente las secciones y clausulas de la aduana se podrán percatarse de que casi todo es un crimen, desde traer más de cuatro playeras hasta traer especies endémicas de otro país... algo que Juan estaba incumpliendo (traía grillos y mezcal, para expandir la cultura mejicana por el mundo). Gracias a mi excelente cooperación y cara de poker  no se dio cuenta de estas maravillas mejicanas; a continuación revisó a mi amiga y no encontró nada sospechoso. 
 

Pasamos la frontera, todavía con la moneda de Perú y un poco de pasta verde, los míticos dólares. Hicimos el cambio correspondiente, y aún recuerdo la dulce frase de mi amiga: "esto de viajar es como el monopoly, cambiando el dinero de países para obtener propiedades." Le supliqué que tomáramos un taxi -me enteré después que era colectivo- para no viajar en un mini bus y así ahorrarnos espacio y tiempo. No quisiera ni imaginar que pasaba si hubiéramos llegado (más) tarde.

A través del viaje en taxi, mi amiga entabló charla con el tipo de a lado, un peruano-boliviano (aún no tengo exactamente claro de donde era) que nos dio una serie de tips para manejarnos en Bolivia. Al concluir el viaje el tipo se ofreció a llevarnos hasta el centro, yo estaba dudoso, pero accedí. Hay ocasiones que cuando uno viaja no puedes ser tan confiado, pero hay otras donde no debes ser tan desconfiado. No toda la gente es mala... no toda la gente es buena. En fin, usamos el teleférico -ahí es una forma de transporte inmensamente eficiente- y la vista fue preciosa de noche. Sin embargo, yo sentía una atmósfera de desconfianza, no voy a negar que la oscuridad me produce eso. En el teleférico una señora nos hizo la plática, y al bajar del transporte ya eramos cuatro personas caminando por el centro de Bolivia.



Yo me seguía sintiendo intranquilo, pero mi amiga iba relajada, conversando y disfrutando del paisaje. Yo debía estar atento, echo de menos su despreocupación. Debo de adelantar que nada malo nos pasó, ni siquiera estuvimos cerca de alguna clase de riesgo, así que solo fueron paranoias mías. Al final el señor del principio nos dejó en la avenida principal, conocida como "la calle de las brujas". Como era de noche, yo sí imaginaba brujas de noche. Las calles en Bolivia son bastante aleatorias, y hay muchas subidas (y bajadas) así que es complicado que los autos transiten, pero aún así lo hacen.



Después de preguntar en un par de hoteles, conseguimos un cuarto de hotel privado para los dos; a un excelente precio. No era de lo más moderno, pero era justo y adecuado para nuestras necesidades, incluía desayuno. Más tarde fuimos a elegir un tour para el mítico Salar de Uyuni, después mi amiga tuvo que ver precios para la vuelta a Lima. Yo, seguía en la travesía...



En este punto debo de decir que La Paz se transformó de ser una bruja a ser una princesa vintage. Ver una ciudad de día es muchísimo mejor, que de noche, además contactamos a un amigo de Couchsurfing (¿ya usan esta red social para viajeros?) el cual nos dio un tour por la ciudad en el teleférico, además de contarnos datos culturales y como era vivir en La Paz. Nos llevamos una excelente impresión de la ciudad y de su barrio. El nos dio unos tips para seguir viajando y yo de modo de agradecimiento le regalé "Instrucciones para vivir en México" del maestro Jorge Ibarguengoitia. Ahora ya saben porque no habrá reseña...



Se hizo de noche, y era hora de embarcarnos en el bus hacia Uyuni. Después de unas tremendas subidas, alimentos grasosos de última hora y de un ejemplar para el camino, llegamos a la terminal. Esperamos el tiempo restante y nos embarcamos al destino. Cabe mencionar que el clima desde Puno era templado, pero en La Paz se comenzó a enfriar... Mi amiga señaló que había mantas, así que pensamos que sería un viaje frío. Pero no estábamos preocupados, traíamos doble chamarra... y yo un gorro del chavo del ocho -otro arquetipo que me produce gracia-. Oh, ilusos... estábamos taaaan equivocados. A eso de las dos o tres de la mañana el clima comenzó a descender... exageradamente...


...Y el puto bus se congeló en medio de la nada... los dos estábamos al borde del congelamiento, creo que todos en el bus lo estaban. ¿Quieren saber como no morí de un paro respiratorio y/o hipoterm... okey, eso nunca habría pasado pero sí hacía un chingo de frío. Esto sigue el próximo miércoles, no a la misma hora, porque no sé en que huso horario estoy, pero sí el mismo día...

miércoles, 3 de junio de 2015

Crónica del “paro-huelga” de los mineros en Perú

¡Ah! Conseguí una computadora –y un poco de tiempo libre- después de todo este lapso sin haber escrito. Y no es no que no hubiera tecnología en Sudamérica –de los lugares en los que he estado Argentina es el mejor en cuanto a este aspecto- sino que es complicado escribir estando aquí y no allá…




Como saben la idea del blog es escribir reseñas, pero por lo que resta del viaje se dedicará únicamente a mis travesías de viaje. Probablemente haga otro blog para estas “crónicas”, tal vez no. ¿Les gustaría ver un blog dedicado exclusivamente a mis viajes? Tengo unas historias muy buenas.
Como leyeron en la entrada anterior, estoy viajando por Sudamérica… Ahora me encuentro en… (?)  La entrada de hoy está dedicada al viaje de Lima a Puno, hasta llegar a la frontera. Digamos que es la primera parte del viaje… ¡Espero lo disfruten siquiera un ¼ de lo mucho que yo lo hice!



Aún recuerdo esa  conversación: -¡Hola! ¿Quieres ir Bolivia? –Hola, claro, ¿por qué no? En ese momento supe que tendría que ir a Lima por mí –nueva- compañera de viaje, la señorita Victoria. Después de semi ajustar las fechas nos embarcamos en un –suicida- viaje de 25 horas en bus; he de confesar que si vas acompañado difícilmente se sienten tantas horas. Lo de suicida fue por la forma de conducir del chofer del bus… a esa forma de manejarse por la vida sin un ápice de seguridad por la integridad humana no creo que pueda llamarse “conducir”. Sentí mi vida por los pelos, inclusive tomé la mano de mi acompañante en toda la noche, creo que le dejé moretones. Al llegar a tierra casi beso el suelo. Cabe aclarar que soy del De Efe –chilango de corazón- y acepto que los de ahí manejan de la mierda, pues bueno, jamás extrañé tanto la forma de conducir de los mejicanos.


Al llegar a Puno –con más náuseas y calambres que un marinero recién desembarcado- procedimos a desayunar, los precios de Puno son increíblemente bajos. Al ser temporada baja conseguimos un descuento bueno para dar un tour por la isla de los Uros. No sé cómo esté su historia de Sudamérica, pero la mía no era tan buena. El lago Titicaca es –jodidamente- inmenso, al grado de tocar dos países. En la inmensidad del lago habitan tribus de personas que subsisten, principalmente, de la pesca, de sus artesanías y del turismo. Uno de sus habitantes nos dio el tour. Recorrimos una pequeña parte de la enormidad del lago y llegamos a su isla, (hay muchas “mini islas”, hay una casi por cada familia o grupo) nos dio los datos técnicos y nos enseñó su forma de vida. Después, por una módica cantidad –digo módica sin sarcasmo, en verdad fue baja- nos llevó a otra isla, ahí pudimos probar la especialidad del lago: la trucha. Y como ustedes sabrán me fascina probar y experimentar con la comida, así que probamos: ceviche, caldo, chicharrón y filete –todo- de trucha, acompañados de unos cálidos mates de coca.



Esa noche volvimos a la ciudad, y como –la mayor parte de mi inesperado viaje- conseguimos un hospedaje en ese instante. Las ventajas de viajar en temporada baja son que hay pocas personas y gracias a esto puedes negociar el precio y conseguir cosas realmente buenas. Por la noche fuimos a la terminal –otra costumbre que he mantenido- a comprar los boletos para el siguiente día…



Nos levantamos temprano, habíamos descansado la noche anterior para un viaje aproximadamente de 4 a 5 horas hasta La Paz. Al subir al bus casi al instante nos quedamos dormidos, a mitad de viaje pude presentir que algo no iría bien, así que intenté leer y/o escuchar música mientras miraba la ventana. De pronto nos detuvimos a causa un poste en medio del camino, yo no me explicaba cómo es que un poste de luz se encontraba en medio de la autopista, incluso quería bajar a ayudar a moverlo porque ellos .parecían- no poder moverlo. A los pocos instantes nos enteramos que los mineros de Perú hacían una huelga que tenía por lo menos tres bloqueos a lo largo de la carretera. Después de una infructuosa plática tuvimos que retirarnos… bueno, antes decidí tomar mi mochila e intentar caminar por la carretera. Total... ¿cuán difícil podrían ser diez o veinte kilómetros con ocho kilos en la espalda? De acuerdo tal vez no hubiera sido tan sencillo, pero yo no podía regresar, me refiero a ¡que en verdad no podíamos! No teníamos el tiempo suficiente, era seguir… o seguir. Nos enteramos que había un pueblo cerca, así que nos juntamos con otras chicas (por insólito que parezca ningún otro hombre se animó a ir con nosotr@s) y ahí investigamos como llegar a la frontera, porque eso era lo más cerca que estaríamos de Bolivia…




Tuvimos un sinuoso camino, que en su mayoría fue terracería, pero al final llegamos a la ciudad de Desaguadero, la esperada frontera con Bolivia. Si ustedes tienen una idea de cómo son las ciudades fronterizas, es tiempo de que la aterricen, porque son tan malas como las pintan. Todo iba perfecto –tan perfecto como puede estar después de haber improvisado una ruta alterna que duro y costó dos veces más- hasta que la patrulla fronteriza le decidió hacer una inspección sorpresa a Juan…


La continuación de cómo no acabé en la cárcel y como fue la travesía en Bolivia, la próxima semana… Ya saben por dónde… por su blog favorito.

PD: Quisiera agradecerle a Victoria por el excelente viaje que tuvimos,,, y soportar mis arranques de chilango. Te quiero, malcriada.