¿De qué va todo esto?

Sencillo. Me gusta leer, pero me encanta escribir. Pienso que es una forma de relajarse y expresarse donde nadie nos puede callar.

Son mis crónicas, reseñas, escritos, pensamientos de los libros que he leído. Intentaré subir uno cada semana.

Estoy en proceso de escribir, así que los comentarios son totalmente apreciados. Me considero un "escritor estúpidamente apasionado".

El punto de todo esto es sientas lo que yo sentí al leerlo e imagines los pasajes como yo lo he hecho. ¡Que leas el libro!

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Reseña de Latinas candentes 6 de Fernando Lobo


Pero que ojos...
Título: Latinas candentes 6

Autor: Fernando Lobo

Editorial: Almadía

Género: Ficción transgresora, ensayo

País donde sucede: México

País de origen del autor: México

Páginas: 127

Días para acabarlo: 1

Año de publicación: 2013

Calificación personal: 4.1/5

 

Previo: La vida de un director porno

 

¿Alguna vez han imaginado como podría ser la vida de un director porno? La primera imagen mental que se nos viene a la mente es: S E X O. Imaginamos cuerpos sudando, centímetros de piel chocando y chicas que se postran a tus rodillas a la espera de que hagas lo que quieras con ellas. Y puede que en algún momento todo sea como describí en apenas unos renglones, pero… siempre hay un pero, eso sólo funciona durante un tiempo. Apuesto a que incluso los sementales se hastían de tener todas las chicas que pueden coger. El punto es que la mayoría de los humanos necesitamos compañía para no sentirnos solos, en eso radica la humanidad, así que incluso director más pervertido quiere en el fondo de sí construir una familia con dos hijos y tener un perro. ¿Qué harían ustedes? ¿Entrarían al sucio juego de la pornografía? ¿O apostarían por la rutinaria vida que los absorbe segundo a segundo? Difícil decisión… sexual.

 

¿Cómo lo conseguí?

 

Yo les dije que en no mucho tiempo veríamos por aquí a Latinas Candentes 6, y cumplí. Es el último libro que me quedaba del pack de cinco.

 

 

Un poco acerca del autor…

 

Lo último (y primero) que se vio de Lobo aquí fue “Friquis” novela que relata la mierda del medio farandulesco mejicano. He investigado más de sus libros, y parece que se atreve a tocar temas sensibles para el público mejicano: sus diversiones, sus miedos y aquello que esconden en los rincones de sus mentes. Creo que lo que seguirá del autor aquí será: “Relato de un suicida”… cuando lo encuentre.

 

 

Reseña

 

Eddie Montoya es director de películas porno, pero el trabajo ha invadido el ámbito familiar y no me refiero a mujeres desnudas o miembros desmedidos, sino al exceso de trabajo. En un exceso de locura de Eddie, su mujer lo deja en conjunto de su hijo, por lo que Eddie entrará en una crisis que expresará con lujos innecesarios y carencia de ideales.

 

A través de la radiografía de las películas porno, los sueños fallidos de los actores  y las añoranzas que vamos perdiendo en el camino (de formar una familia) se intenta explicar el consumismo del porno en la vida actual. ¿Eddie será un consumidor más o realmente comprende todo lo que el porno significa para la psique humana?

 

Opinión

 

Al igual que con “Friquis” se toma un tema delicado para el público mexicano, más que delicado es un tema tabú del cual los padres mexicanos no hablan con sus hijos: la pornografía. La mayoría de los jóvenes aprenden por amigos, primos o hermanos mayores, lo cual genera una brecha de información que concluye como un acto transgresor o prohibido.

 

Ahora bien, después de un segundo previo: creo que la novela está camuflada como un ensayo que quiere demostrar qué es la pornografía; no sus ventajas o desventajas sino lo que representa para el ser humano, tanto en aspectos visuales, de ego, mentales y hasta físicos. Se intentan expresar los sentimientos ocultos dentro de la pornografía dura, y únicamente usa las voces de los personajes como voces internas de expresión.

 

Me gustó la forma de describir lo fugaz que es la vida para una actriz porno, lo que piensa, sus motivaciones y por qué lo hacen en realidad. Es algo mucho más complejo que no se lograría entender a simple vista. No hay una escena que me guste en particular, pero los intervalos donde se narran las escenas pornográficas tal cual como suceden me agradaron, Lobo no se queda con ganas de nada.

 

Es una novela muy breve que no tiene separaciones y tiene una forma particular de contarse. Creo que no es una novela muy apta para todos, en especial para aquellos “persignados” que se asustan del cuerpo humano y sus expresiones.

 

Finalmente tuve una duda: ¿cuántas películas habrá visto Lobo para sensibilizarse con el porno? Para escribir Friquis hubo que leer cientos de revistas y contenido basura. ¿Habrá sucedido lo mismo con ésta? Adoraría que Lobo nos respondiera esta pregunta.

 

¿Qué necesita usted para ser una latina candente? ¿No tener sueños? ¿No tener aspiraciones? O, ¿sólo ser latina?

lunes, 28 de noviembre de 2016

Crónicas de viaje: Turibus de cantinas CDMX





Salud, cangrejos

La última crónica del viaje fue la de Mérida, y casualmente esta crónica incluye a uno de los personajes de la misma: su cangrejo favorito Daniel Aráizaga. A él le tocaba visitar la CDMX, y no es que realmente me visitara a mí o a sus primas (cosa que después se aclararía), venía al partido de la NFL, y de paso a emborracharse. Esta primera crónica abarcará únicamente el primer día, pensaré en hacer alguna otra si todo sale tan aleatorio como el primer día (que sí habrá más). Pues empecemos, mientras el cangrejo sigue en la ciudad.

Una llamada con un número comenzando con 999, algo atípico para el DF, sabía quién llamaba. Él me confirmaba que llegaba a la ciudad, y aprovechaba para decir que la ciudad seguía oliendo a fritangas, justo como hace un año. Después de una infructuosa plática para ponernos de acuerdo en algún punto, decidí ir por él.  Nos vimos escuetamente, guardó su equipaje en mi auto y pidió un Uber. Ya tendríamos tiempo para ponernos al día en la noche al calor de unas cervezas. El día laboral se me fue volando, yo fantaseaba con ir al esperadísimo tour de cantinas.

Después de usar el contraflujo del metro, llegué al centro en menos del tiempo esperado. Para mi sorpresa mi primo se encontraba en buena compañía, se encontró con sus amigos meridenses que radican en la ciudad y con mi prima; al final solo ella se animaría a unirse al tour de cantinas, no hay duda que lo cangrejo se pega. El Turibus tardó un poco más de lo esperado, siempre todo tardará más por el maldito tráfico, es algo con lo que uno aprende a vivir… casi como el maldito calor de Mérida.


Siendo un cangrejo distinguido
Nos subimos, y después de una fría introducción, llegamos a “Gallo de oro” la primera cantina, ubicada en Bolívar y Carranza (si mi memoria juvenil no me falla), esta cantina estaba un poco desolada y aburrida, pero en cuanto llegaron las cervezas le metimos sabor. Nos estábamos poniendo al día, y como toda buena costumbre Aráizaga comenzamos a “pelear” acerca de nimiedades. Era cierto, echaba de menos a ese cabrón. La sangre llama, una frase que se quedará para el recuerdo. Después de dos rondas de modelo especial, seguimos el tour a la segunda cantina, aunque no sin antes de ir a una tienda por parque para el intermedio entre cada cantina.
La segunda cantina “Salón Nuevo León”, era muchísimo más una cantina tradicional, tanto que al entrar dos humildes parroquianos nos dieron una chusca bienvenida y una auto presentación que decía: “Bienvenidos, somos el borracho número uno, y el borracho número dos, pueden beber aquí con nosotros si ocupan”, o algo así, ya tenía alcohol en mis venas y todo lo reconstruyo a partir de esbozos mentales. La aseveración por la cual dije que parecía más una cantina que la anterior es tenía una barra donde borrachos de verdad se encontraban bebiendo.



Recordemos un poquito las tradicionales cantinas, y recuerdo que las clásicas son aquellas donde te ofrecían un trago y un platillo, digamos que era chela y platillo. Escogimos una mesa al fondo, y nos dispusimos a ir por las bebidas a la barra en vez de que esperar al mesero. Pedimos dos coronas (en este punto deseo recomendarles que cuenten lo chupes que me engullí y sacar un bonito promedio de mi nivel etílico aproximado), y por alguna azarosa razón que aun no comprendo acabamos en la mesa de los primeros parroquianos, ellos nos ofrecieron “asilo” en su mesa y nos enzarzamos en una plática introductoria, claro aquellas que comienzan en cómo te llamas y terminas hablando de la niña que te rompió el corazón en el kínder. Minutos después mi prima nos acompañó e rompió el sutil equilibrio de la mesa, se robó las miradas y se robó la plática. Tampoco entiendo como acabamos hablando sobre baños a la luz de luna y cuarzos mágicos. Antes de entrar nos recomendaron probar la especialidad centenaria de la casa: las tortas; en este rubro no exageraré pero han sido de las mejores tortas que he probado en toda mi perra vida. (Puede que sí haya exagerado). Al final nos despedimos de los parroquianos y con dos chelas añadidas a la cuenta seguimos el camino a la tercera cantina.

Antes de llegar a la tercera cantina el ambiente en el Turibus había mejorado montones, se respiraba un aire de diversión y todos sonreíamos. Como siempre el alcohol realiza la función de desinhibidor y de unir a la gente, creo que nunca habrá otra cosa que una a las personas que beber alcohol, incluso creo que la guerra podría acabar si todos bebieran lo mismo. La tercera cantina fue “Salón España.”, en esta cantina perdimos gran cantidad de dinero porque el cangrejo quiso pedir varias canciones del mariachi y la gente de nuestra mesa no hizo más que alentarlo, incluso un poeta terminó recitando varios versos, y sí, cobrando los mismos. Añadan dos cervezas más. ¿Siguen llevando la cuenta? Porque yo ya la iba perdiendo.

Hubo un episodio curioso en el tránsito hacia la última cantina, desde el principio del tour vimos a una señora mayor y ella tenía bastante actitud, bebía, cantaba, se reía y disfrutaba. A mí me dio muchísimo gusto ver que una persona como ella se diera la oportunidad de vivir y exprimir la vida al máximo. ¿Qué sucedería si todos nos dedicáramos a vivir la vida al máximo? Apuesto a que todo sería diferente, en cuanto a mi prima a ella le dio mucha ternura y se dedicó a hablar con la señora, además de abrazarla en repetidas veces. 

Llegábamos a la última cantina, el clímax de nuestro tour, la mítica Tenampa, en el popular/temido Garibaldi. Aquí acabaría todo… o seguiría todo. Nos habían recomendado probar la bebida de la casa: bebida de granada con tequila y ponche, obviamente pedimos una ronda. Obviamente estábamos ebrios. Obviamente la seguiríamos… La pregunta era donde. Todo se volvía más borroso, y lento. La sangre estaba mezclada con alcohol y queríamos probar un lugar diferente… y nos separamos del grupo. Primero fuimos a la calle de República de Cuba, era hora que el cangrejo le hiciera  honor a su apodo y conociera los emblemáticos antros gay de la ciudad de México, pero… sorpresa, todos estaban cerrados, una estúpida ley ciudadana, que básicamente promueve Miguel Angel Mancera para mantener aburrida a la población.

¡Cangrejos!


Después de revisar varias opciones canceladas, estábamos a punto de rendirnos e irnos todos a su respectiva casa, hasta que decidí ir a la última opción: los bares de mala muerte colindantes de “Río de plata”, y ahí estaba “Los jarritos” nuestro milagro de juevebes. Me tocaba la ronda y pedí tres Bohemia, el ambiente decadente no daba para seguir la fiesta, que realmente no había sido fiesta sino añoranza entre primos, no hubo tanto alcohol porque yo me pararía el día siguiente para trabajar en el oficio Godínez. Así que nos dispusimos a admirar la fauna de la CDMX nos retiramos. No traíamos carro así que nos retiramos en Uber. Había sido suficiente para la primera noche… aún nos quedaban muchos días por seguir.

La próxima crónica de lo que sucedió en la estancia del cangrejo, aquí y solo aquí el próximo lunes. Abarcará lo sucedido en viernes y sábado (Patrick Miller y McCarthy’s) y la de dos semanas abarcará lo sucedido en domingo, lunes y martes (Puebla, NFL, despedida), así que no se separen del blog de confianza… una crónica cada lunes.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Cuento: La chica del maizal, entrega 2/3


II.

Los observé por unos minutos. Su forma de comportarse era irreverente, tosca e idiota; básicamente era adolescente. Quise poner mis manos en el cuello del que hablaba más fuerte, quise estrujarlo y hacer que me pidiera una disculpa, escuchar sus suplicas. Sus diálogos, sus conversaciones, sus temas de interés me asqueaban. Jamás quise asesinar a alguien tanto como a ellos. Estoy segura que no comprenden la gravedad de sus actos. Ellos seguían bebiendo cervezas, y yo no había ingerido algo en más de doce horas. Comenzaba a perder los estribos… pero seguí esperando… esperando… esperando.

Seguí recordando. Recordé el primer contacto con ellos, intenté acercarme pacíficamente, presentarme y agradarles, al final los humanos siempre queremos pertenecer… aunque sea superficialmente, y sí, yo quería pertenecer, quería que ellos me reconocieran, quería saber de ellos y que ellos supieran de mí. ¿Ese fue mi error? ¿Querer pertenecer? Al salir de la clase quise cuestionarlos de su irreverente actitud, pero una chica me empujó, y dijo “aléjate, pobretona”. Nunca imaginé que las cosas fueran a darse así.

Una chica, la cual no recuerdo su nombre, solo su apellido: Galicia se alejó de la camioneta. Por el contexto pude entender que quería ir al baño, pero no quería ir sola, la expresión de miedo en su cara lo confirmaba. No sé a qué le tenía miedo, pero seguramente no era a mí, aunque debió tenerlo. En algún lado leí que la gente no le tiene miedo a las cosas visibles, sino a las cosas que no pueden ver, a las cosas que ponen en duda su existencia.

En estos momentos los peores pensamientos cruzan mi mente… y sólo quiero que ellos sientan lo que yo sentí. También había leído que el cuerpo humano es capaz de superar sus limitaciones cuando se encuentra en un hecho traumático, supongo que el porqué de estos pensamientos es justificable. El porqué de estos pensamientos de venganza, odio y rencor… las ganas de asesinar.

Entonces comenzaré con ella. Deberé ser rápida porque se percataran de su ausencia demasiado pronto. Incluso si piensan que se perdió todos se desperdigaran buscándola. Y ahí ganaré. Ganaré lo que ellos me quitaron desde el primer momento con su desdén: mi dignidad. Mi “superioridad”. Nunca me había sentido tan llena de venganza… nunca me había sentido tan poderosa.

Veo que Galicia se adentra al maizal. La sigo de cerca, procuro no hacer ruido, aunque el maíz cruje con poco contacto. Me tropiezo con un pequeño milagro, una segueta  usada para cortar los tallos. Supongo que es una señal divina, ya sé lo que haré. Los pensamientos agresivos me acaban de dar una idea. Galicia se pone en cuclillas, se baja el pantalón y justo cuando comienza le asesto un golpe directo en la sien izquierda, ella ni siquiera lo nota y cae inconscientemente. Me apresuro a arrastrarla lejos, no quiero que sus gritos se oigan… o tal vez sí. No sé de donde sale tanta fuerza, puedo arrastrarla con toda la facilidad del mundo. Tomo la segueta y le corto una mano, me asombra lo difícil que es cortar carne humana, juraría que era más fácil. Ella despierta en cuanto siente el corte, se horroriza y grita; yo le asesto otro golpe con la segueta que acaba en medio de su frente, ella se calla por unos minutos más. Sigo con la otra mano, y con los pies. Le corto cada dedo -mentalmente voy contando el tiempo y sé que ellos no tardaran en buscarla- tengo un plan, como siempre. Le hago un tajo final en el cuello y la sangre chorrea por montones, ella se comienza ahoga con la sangre y no escucho sus palabras finales –tampoco es que me interese en realidad–, siento la sangre fría en las manos, quiero quitarla de mí, pero a la vez embarrarla en todo su cuerpo, en toda ella. Puta, ella nunca debió juntarse con ella, nunca debió pertenecer, puta, puta, puta. ¿O soy yo la que no debí pertenecer?

Tomo cada dedo del pie. Tomo las dos manos. Coloco cada pieza separada cerca de su camioneta y en algunos puntos donde hay luz en el maizal. Mientras, jalo a Galicia al espantapájaros, tendré que subirla y amarrarla. Quiero oír los gritos de los tres hijos de perra que sobran cuando la vean suspendida en el lugar que me pertenecía. Tengo algo especial para cada uno de ellos. Solo recuerdo sus apellidos: Lopez (él), Kienhle (ella) y Gibraltar (él). Después de subir a Galicia, me escondo cerca y me pongo a escuchar delicadamente sus reacciones. Como lo predije los tres se han separado y seguramente han estado bebiendo. El primero que llega es Gibraltar, era el menos superficial de los tres, digamos que él fue el que menos peor me trató, así que seré breve, no busco un sufrimiento absurdo. Lo rodeo, y me planto frente a él, comienzo a llorar –y a fingir– él pone cara de sorprendido, no sabe que pensar. Corro a abrazarlo –con la segueta escondida detrás, en mi pantalón–. Mientras está distraído le clavo una punta de la segueta en la espalda, él cae de rodillas y le corto la garganta. Soy breve y letal. Tengo que jalarlo –con más trabajo que a Galicia– lejos del espantapájaros y adentrarlo al maizal.

Justo después que acabé con Gibraltar, oigo el grito de Kienhle, corro a buscarla antes de que Lopez venga. No podría con los dos. La veo a lo lejos, perdida entre el maizal, su figura resalta en la pálida noche; ella grita y voltea a todos lados, es un manojo de nervios. Me escondo y susurro “Perra”, ella busca en todos lados, y grita absurdamente “¿quién está ahí? ¿Quién eres?”. Desde la oscuridad le lanzo un dedo que guarde, y ella grita atrozmente; creo que nunca oí un grito tan estremecedor. El juego psicológico funcionó de maravilla. Creo que yo hubiera reaccionado de la misma forma… si tan solo hubiera tenido amigos. La persigo y la alcanzo en diez segundos, tengo la segueta lista y la clavo en su pierna. La tengo a mis pies, ella suplica, pero no me interesa. No más. Al igual que con las palabras de Galicia, las ahogo en el fondo de mis recuerdos, en el fondo de cosas que no me importan. Le pateo la cara, ella cierra la mandíbula, se toca la cara con las manos y yo por reflejo le escupo. Comienzo a llorar, no me creía capaz de escupirle a alguien en la cara bajo ningún motivo. ¿Por qué tuvo que ser así? Yo sólo quería pertenecer. Le clavo la segueta en los ojos y las dejo ahí. Sólo queda Lopez, su líder, el más popular. The last guy standing… y estoy lista para acabar con esto.
Justo antes de volver a adentrarme en el maíz en huir y echarle la culpa a López, no suena tan descabellado: la niña nueva siendo sometida y el niño ricachón que se vuelve loco y descuartiza a sus amigos… algo muy común en la actualidad, pero algo me dice que no saldrá bien, en el fondo sé que escapará. Algo me dice tiene los recursos para zafarse sin mayor problema… algo que yo no podré. Vayamos por el camino seguro, por el camino de la venganza

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Reseña de Monstruos Invisibles de Chuck Palahniuk


Voltea la cara para ver otro rostro en la imagén.
Título: Monstruos Invisible
Autor: Chuck Palahniuk
Editorial: Literatura Mondadori
Género: Ficción transgresora
País donde sucede: Estados Unidos
País de origen del autor: Estados Unidos
Páginas: 197 (¿?)
Días para acabarlo: 6
Año de publicación: 1999
Calificación personal: 3.45/5


Previo: Manual de cómo ser un monstruo invisible por Juan Aráizaga, sinodal Chuck Palahniuk


El siguiente manual de cómo ser un monstruo invisible es una idea que acaba de surgir en estos precisos momentos, momentos en los que me pongo a pensar qué puta madre estoy haciendo con mi vida, y cómo va a discurrir. ¿Qué si adoraría que un agente del caos (cambio) transformara mi vida radicalmente, justo como los que Palahniuk describe? Diría que por supuesto, sin pensarlo, y me estoy transformando en uno de sus retorcidos personajes.



Después de que usted acabe de leer el manual completo será capaz de: a) Ser invisible gracias a su ego desmedido b) Ser un monstruo y dará terror debido a sus respuestas sarcásticas c) Ser menos expresivo y lograr conectarse con sus necesidades primordiales de trascendencia. Aquí cabe aclarar que el manual lleva dos terceras partes de su totalidad, y es un curso intensivo no apto para la sensibilidad de todas las jodidas personas.



¿Queremos ser un monstruo? ¿Queremos ser invisibles? ¿O sólo queremos ser un monstruo invisible en un mundo redundante?



¿Cómo lo conseguí?


De pronto quise leer a Palahniuk y compré esta edición para Kindle a un precio moderado.

Un poco acerca del autor...

Palahniuk volvió –demasiado pronto– al blog. Lo último visto aquí de él fue “Rant” pero fue en inglés. Me parece que quiero volver a leerlo en inglés, aunque sus estribillos se me sigan pegando en la mente. Estoy seguro que ya no veremos más de él este año, pero sí el que sigue y casi puedo asegurar que lo próximo será “Fantasmas”.

  

Reseña

 
La narradora –la cual se omite el nombre hasta la última página- es una modelo que posee toda la atención y beneficios que cualquier belleza posee. Su vida discurre entre fiestas de piscina, modelaje y chicos guapos; eso al menos es vida para ella. Su novio Manus es un detective de la brigada antivicio y ambos viven juntos.



La vida de la narradora es aparentemente feliz, y mientras conduce por la autopista una bala le impacta la mandíbula y se la arranca en el acto. Ella acude a emergencias como puede y las cámaras comienzan a ser disparadas… puede que sean las últimas fotos que tendrá. En plena recuperación conocerá a un agente del cambio, la señorita Brandy Alexander… con la cual comenzará un viaje para el renacimiento.

 
A través de la radiografía de la belleza y la horrorosidad, se nos trae “Monstruos Invisibles” uno de los libros más fuertes y directos de Palahniuk. ¿Qué tan bello puede ser un ser sin mandíbula?  ¿Qué tan relevante es la belleza en el mundo actual? ¿Podremos hartarnos de ser guapos?



Opinión

 
Lo primero es lanzar una diatriba contra Palahniuk: abusaste de los recursos/adjetivos/situaciones “supurantes” en esta ocasión. Regularmente no soy fácil de asquear ni de impresionar, pero lo lograste, me revolviste el estómago al imaginar una mandíbula putrefacta a medio comer por los pájaros.

 
La narrativa es Palahniuk enteramente él, sabe a las repeticiones que nos tiene acostumbrado. Flash, dame repetición, flash. Repetición, repetición, repetición. Y aunque esta es mi parte favorita de sus escritos, también adoro el sentimiento nihilista que se respira en toda la obra… y el sentimiento de cuestionarse el orden del mundo.



No tuve una escena favorita, pero sí un contexto de situaciones, o mejor dicho un monólogo de un personaje, digamos que explica por qué hace lo que hace, y fue el novio llamado Manus. También me gustaron las intromisiones de los padres, aunque se me figuraron extrañamente estúpidas.  



He encontrado la constante en los libros de Palahniuk: Los agentes del caos. Aquellos personajes que meten una idea anarquista y rebelde a los personajes principales. Siempre existe uno: Tyler Durden, un ex esposo muerto, una madre controladora o un transexual con tintes de ser dios y arreglarte la mandíbula.



Aunque el desenlace no estuvo tan bien, toda la curva final me agradó. Los giros de tuerca o plot twist también fueron un recurso sobre explotado, pero no negaré que hubo un par que me sorprendieron. El final no me agradó y por eso bajó de cuatro a tres estrellas.



Palahniuk no es para toda la familia, necesitas estar abierto de mente y estar consciente a que leerás cosas que no te agradarán en lo mínimo, pero al menos puedes rescatar que tu vida es mejor… o al menos peor que la de un transexual adicto a las cirugías.



¿Listos para el manual para ser un buen monstruo invisible?

Citas

"Por mucho que creas que quieres a alguien, te echas atrás cuando el charco de sangre se acerca demasiado."

"Cuándo los demás no te miran, tú puedes estudiarlos a fondo. Puedes fijarte en todos los detalles, en esos que nunca tendrías tiempo de fijarte si ellos te mirasen; y esta es tu venganza."

"Hasta que la conocí, lo único que quería era que alguien me preguntase que le había pasado a mi cara."

"Las enfermeras se esforzaban por alejarme de cualquier superficie pulida, del mismo modo que alejan a los suicidas de los cuchillos.  A los alcoholicos en el alcohol."


"Lo único que deseo es que alguien me pregunte que ha pasado. Luego seguiré con mi vida."


"Que te entre el pánico cuando estás solo es como echarte a reír solo en una habitación vacía. Te sientes imbécil."

"La única razón por la que preguntamos a la gente qué tal ha ido el fin de semana es para poder contar como nos ha ido el nuestro."

"La gente va por el mundo contando su tragedia y cómo su vida se reduce a superar esta experiencia. Sus vidas están más centradas en el pasado que el futuro."

"Dicen que cuando nacemos nuestros padres se sienten dios. Les debemos la vida y pueden controlarnos. Luego la pubertad te convierte en Satán."

"La palabra querer me suena cada vez más hueca."

"Soy un monstruo invisible, y soy incapaz de amar a nadie. No se sabe lo que es peor."

"Ya que no puedo ser Hermosa quiero ser invisible."

"Lo que necesito es joderme hasta el punto de que ya no pueda salvarme."

"Tu nacimiento es un error que te pasas toda la vida intentando enmendar."


"¡Dame algo en este puto mundo que sea exactamente lo que parece!"


viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuento: La chica del maizal, entrega 1/3




I.

Ella estaba desorientada. Tenía un golpe en la cabeza –aunque no muy profundo–. Un poco de sangre coagulada. No acababa de comprender dónde estaba. Abrió los ojos muy despacio y miro a su alrededor, todo tenía el mismo aspecto, la misma textura, todo era más de lo mismo: maíz; largos y verdes tallos.

Comenzó a recordar,  se encontraba atada a un espantapájaros, una horrible broma universitaria. Ella era la chica nueva en la ciudad y así era como recibían a los foráneos. Malditos hijos de perra, habían ido demasiado lejos. Tenía que moverse y seguir el sendero, salir del maizal cuanto antes. Le aterraba la idea de estar sola de noche en un campo de maíz, le aterraba el puto hecho de no saber porque eran tan crueles con ella. ¿Envidia? ¿Celos? ¿Odio?

Recordó esa mañana: clase a las once a eme, algebra lineal. Al parecer a los chicos de la clase no les agradaba el hecho que ella fuera más inteligente que ellos; ella no se consideraba más inteligente que nadie, solo se consideraba con una retentiva mayor al promedio y eso le permitía prescindir de cosas inútiles como el estudio y las tareas. Ella podía recordar una clase entera sin siquiera esforzarse. Sin duda ellos envidiaban eso… y  además estaba el hecho de que fuera tan linda, demasiado, en realidad.

Su cara era fina, ovalada y delicada; como sus rasgos. Su maquillaje era simple, un poco de labial rojo oscuro y una fina capa de rubor en las mejillas. Un poco más alta que el promedio, y delgada. Todo en su lugar. Su tez era blanca, y su mayor atractivo era su cabello color dorado, largos rizos. Nunca le daba importancia a su aspecto físico, prefería el aspecto intelectual. Aunque ella se hubiera definido a sí misma como desaliñada, no podía ocultar su belleza natural.

Tocó su cabeza, y sintió un vacío gigantesco en el estómago, una pulsación de terror. Esos hijos de perra le habían cortado la mitad de su cabello, ahora tenía el aspecto de esas skinheads a medio rapar. Estaba horrorizada. Estuvo a punto de llorar, pero no quería darles la satisfacción. Ella comprendía que nunca debía de darle la satisfacción de dejarse doblegar por alguien, y menos por una panda de pseudo estudiantes. No quiso seguir explorando su cuerpo por miedo a encontrar más mutilaciones a su ser. Lo haría al llegar a su casa con luz artificial, no con la luz de la luna.

Le llegó a la mente el primer contacto con los chicos de la clase de algebra. Una panda de cuatro, los más famosos y populares, los que más dinero e influencias tenían. Por infortunio tuvo que hacer equipo con ellos, y ellos no hicieron más que soslayarla y negarse a entablar dialogo alguno con ella. Ella no lo entendía. ¿Acaso había hecho algo? ¿Tener pocos recursos y ser becada estaba tan mal? Ella tuvo que terminar el todo el trabajo sola, e incluso así acabo antes que ellos. Eso los exacerbo. ¿Eso habría sido lo que desencadeno la aberrante broma?

El sendero estaba marcado, pero era complicado seguirlo, la falta de luz lo complicaba todo. Intento seguir recordando, intento recordar en que momento había confiado de más, y que momento había caído en su trampa. No había hecho nada inusual, su rutina seguía intacta, excepto por ese libro misterioso que apareció en su mochila –ellos sabían que adoraba leer–… recordó haberlo ojeado, recordó tocar sus dedos con su lengua y pasar las paginas, recordó lo estúpida que era su costumbre. Ahora ni siquiera recordaba acerca de que era el libro.

Caminó. Puso su mente en blanco. Regularmente lo hacía cuando corría. Llevaba meses sin correr, una estúpida lesión la había alejado de las pistas, y se sentía estresada por ello. Al caminar, escuchó un ruido a lo lejos, intentó seguirlo, pero despacio… muy despacio. No quería encontrarse con ellos… o tal vez sí.
Vio a sus compañeros de clase en una camioneta de carga, negra como la noche, vidrios polarizados y bocinas a máximo volumen. Estúpidos salvajes, debieron haber pensado en que ella podría haber seguido el ruido. Estaban bebiendo y festejando, al parecer necesitaban coronar la desgracia de alguien más con alcohol y sexo desenfrenado. A ella le hirvió la sangre, pero siempre fue paciente, en especial para urdir planes fuera de serie.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Reseña de Toda la sangre de Bernardo Esquinca


¿Pueden ver el craneo gigante en la parte de abajo?
Título: Toda la sangre
Autor: Bernardo Esquinca
Editorial: Almadía
Género: Novela Negra, Saga, Policiaco
País donde sucede: México
País de origen del autor: México
Páginas: 344
Días para acabarlo: 5
Año de publicación: 2013
Calificación personal: 4.9/5

Previo: Toda la sangre… de nuestros antepasados

¿Soy el único que se ha puesto a pensar qué hubiese sucedido si algún otro pueblo nos hubiera conquistado? Me refiero a todo lo diferente que hoy en día sería, desde el idioma hasta la mezcolanza de tradiciones. Incluso me pongo a pensar: ¿qué hubiera sucedido si nadie nos hubiera conquistado? ¿Qué se mantendría hasta ahora? Obviamente la religión sería uno de los principales aspectos a destacar, ¿y si la mitad de los mejicanos no le rindieran culto a alguien que se encuentra crucificado, pero sí a algo tangible como el sol o la luna? ¿Se han puesto a pensarlo? Este previo será breve (pero conciso) quiero que se pongan a fundamentar su fe. ¿Es adquirida, impuesta o verdadera? Y sobre todo… ¿por qué creo en lo que creo actualmente? ¿Por mí, o por alguien más?

¿Cómo lo conseguí?

Tercer libro leído de ese pack de cinco que compré por internet. Sólo queda pendiente “Latinas candentes 6” de Fernando Lobo, que presiento que veremos pronto aquí.

Un poco acerca del autor…

Esquinca regresó muy pronto al blog. Sé que ya no habrá nada de él en este año, porque quiero disfrutarlo, y el tiempo que queda en el año no será suficiente para disfrutarlo. Me he adentrado un poco a los escritos de él, y comprendo su amor por el centro histórico; para él es amor, para mí es ambivalencia. Espero en algún momento pronto concertar una entrevista para el blog.

Reseña

Hay un misterioso asesino en la Ciudad de México, lo destacable de éste, es la forma tan prehispánica que tiene de acabar con sus víctimas. Cuando los asesinatos aumentan en número y en crueldad, la policía judicial intervendrá y a su vez el reportero del semanario sensacional Casasola, para investigar el trasfondo del mismo. 

Casasola hará una carrera contra el tiempo para detener al asesino, ya que notará que todo se basa en los códices antiguos que presagian una destrucción masiva. Nuestro reportero recurrirá a los expertos en antropología, y es ahí donde conocerá a Elisa Matos, una antropóloga que será más que su colaboradora.

A través de la radiografía de una ciudad (CDMX) que es rica en mezcla de tradiciones, ideas y religiones, se trae “Toda la sangre”, segunda entrega de la serie Casasola. ¿Podrá Casasola encontrar al asesino antes de que todo sea tarde o el asesino logrará derramar toda la sangre?

Opinión

La fortaleza de Esquinca es la ambientación que produce, es tan jodidamente empático en sus detalles que logré imaginarme en las calles del centro que describe, y bueno, sí eres un chico del centro (como yo) que creció y pasó la mitad de su juventud ahí, eso genera muchísimos puntos.

Me gusta la estructura del libro, se mantiene la fórmula ganadora: capítulo, historia del semanario sensacional y una que otra entrevista con los periodistas muertos (que le dan pistas para atrapar al asesino). La narrativa es fácil de digerir, y no hay tantas complicaciones para comprender la historia, aunque sea la segunda parte de la saga.  

Me gustó la relación con Elisa, y todo lo que gira alrededor de ellos. Obviamente no puedo comentar los detalles de su conexión, pero me parece algo destacable dentro de toda la narración; además los motivantes del asesino me parecen justos y no tan fuera de serie, en algún lado oí/leí que si tienes empatía con el asesino hay algo que el autor hizo algo jodidamente bien.

Ahí viene la parte por la cual no es perfecto, y es porque es tremendamente predecible. Puedes imaginarte quién es el asesino en cuanto se presenta con su diálogo introductorio. Y aunque la historia es llevada bien, se mantiene el suspenso y el desenlace es bueno, la predictibilidad lo hace no saber a perfección. Esperaba un giro de tuerca al final y… lean la historia. 

Es una novela negra mexicana que se disfruta montones, y aunque no es tan corta las páginas se van como agua. Es algo recomendable para los fanáticos de la novela negra, la novela negra mexicana, los extranjeros (para motivos de comprender la ciudad) o simplemente aquellos asiduos del suspenso.

¿Cuándo recuperaremos toda la sangre derramada de nuestro pueblo?

El templo mayor...

viernes, 11 de noviembre de 2016

Fragmento 899: Stolker


Has oído mi nombre cientos de veces. Has oído el susurro, pero no quieres oírlo. Estás segura que no quieres oírlo. ¿Qué quién soy? Soy tú stolker, soy tu sombra. Soy tú todo. Sólo que no te has dado cuenta. 

La sigo todos los días. Ten por seguro que si no es con la mirada, es al menos con la mente. En mi mente me acerco… después de dudarlo por horas, y cuando por fin lo hago me congelo. No sé qué decir, nunca he sabido, y temo que nunca lo haré. Me trabo. Me congelo. Soy jodidamente asustadizo. Soy jodidamente inseguro. Soy jodidamente yo.

En mi mente la he asesinado de todas las formas posibles, habidas y por haber.

¿Qué si nos hemos visto? Sí, en la misma cafetería. Voy todos los días a las 13:25 a leer el periódico. Pero después de un puto mes ni siquiera te has percatado de mi existencia, ese es el motivo por el cual te asesino siempre. Tu desinterés. Te odio. Te odio. Te odio. 

La he estrangulado, la he sofocado, le he asfixiado, la he ahogado… y finalmente le he desfigurado el rostro. Sólo quiero que sea mía, incluso sí es desfigurada. Me odio. Me odio. Me oído. 


…y todo por mi incapacidad de entablar una plática con ella. Soy su stolker personal. Pero cuando me acerque ella no sabrá que paso. En verdad ni siquiera yo creo que sepa que pasará.