¿De qué va todo esto?

Sencillo. Me gusta leer, pero me encanta escribir. Pienso que es una forma de relajarse y expresarse donde nadie nos puede callar.

Son mis crónicas, reseñas, escritos, pensamientos de los libros que he leído. Intentaré subir uno cada semana.

Estoy en proceso de escribir, así que los comentarios son totalmente apreciados. Me considero un "escritor estúpidamente apasionado".

El punto de todo esto es sientas lo que yo sentí al leerlo e imagines los pasajes como yo lo he hecho. ¡Que leas el libro!

lunes, 31 de julio de 2017

Crónicas de viaje: Nos gusta el agua de jamaica, pero nos encanta el tepache


Sábado o eso creía.

Siete y media, suenan sus alarmas. El conductor pidió dormir lo más posible y ser el último en alistarse. Una hora después vamos dejando el hotel, el día nos depara mucho, muchísimo. Paramos en una tienda de autoservicio, les advertí que habría pocas paradas, así que debían comprar aquí lo elemental, mientras ellos entraban a la tienda, yo decidí atacar al de los tacos de guisado, y probé las variedades que no tenemos en CDMX: requesón, mole, carne, etc. Estábamos listos, y la siguiente parada serían… las pirámides de Teotihuacan. En este punto me permito preguntar: ¿soy buen guía de turistas? Yo diría que me faltan datos concisos y de interés turístico, pero básicamente sí.

Miss 

Juan, sucumbió ante las selfies
Carretera de nuevo, esta vez vengo más relajado, más suelto. Todos vienen más animados. Conduzco: acelero, freno, bebo café. Paro. Repito, el café siempre siendo una constante. Atravieso kilómetros, municipios, ciudades, pueblo. Todo va de maravilla hasta llegar a las curvas finales de Cuernavaca, todos se han quedado dormidos, hasta mi copiloto. Aprovecho para poner mi música y relajarme. La carretera ha estado despejada, he llegado de Acapulco a la Ciudad de México en menos de cuatro horas, ahora sí me merezco algo. TRÁFICO. Oh maldita decepción, la parte sur de la ciudad está hecha un asco. Los pasajeros notan mi cara de estrés y preguntan si pueden hacer algo, jugando les digo que comprarme un tag para atravesar todo el tráfico. Ellos después de meditarlo unos segundos, y debido a las condiciones, aceptan, creen que me lo merezco. La mejor decisión posible, atravesamos la ciudad de extremo a extremo en menos de veinte minutos. Y una hora y varias casetas de pago más, estamos en Teotihuacan, un vestigio azteca que todo chilango conoce…desde la primaria.

Bajamos, la sesión de selfies continua (nunca para), el clima se ve dudoso, Juan pronostica un poco de lluvia. Pinche Juan por eso eres el conductor y no el chico del clima. Entramos a las pirámides, a aquel lugar sagrado y místico que les perteneció a los aztecas. No es que mis ojos hayan perdido la capacidad de asombro, pero después de veinticuatro años de haber visto tantas maravillas, el proceso se ve más complicado de asimilar. Nos separamos un poco, Angela y yo queremos ver más detenidamente la pirámide del sol y es donde tomamos más fotos. Ellos se han adelantado, o nosotros atrasado. Comienzo a tener el presentimiento de que lloverá y no traigo suéter, mi madre estaría decepcionada de mí, así que compro una especie de chal, bueno, ambos compramos porque estaban a un excelente precio. Llegamos a la pirámide de la luna y las gotas de agua se dejan venir, después de fotos alocadas y discursos de la vida, tenemos que regresar al auto. Y la tormenta se desata. No hay mucho que yo pueda hacer, más que intentar sonreír y rogarles a los dioses de mis antepasados que esta gripa no desemboque en una pulmonía otra vez (en unos días ya estuve recuperado). Llegamos al carro hechos una sopa, y después de comprar (por necesidad) una playera de recuerdo/repuesto, nos íbamos a la siguiente parada: La basílica de Guadalupe.
Presumiendo los ponchos,manteles,chal

Llegamos al destino, después de negociar con un profesionista de la zona, un reducido lugar de estacionamiento (los franeleros ganan más que muchos profesionistas), entramos al recinto. Yo no estaba muy convencido de entrar, pero al final accedí. Después de mirar a la virgen por un rato, pasábamos a la sección de recuerditos. Antes he de aclarar que seas o no religioso, la vibra del lugar es electrizante. Después de discurrir un par de horas en la basílica, y otro café para el conductor nos dirigimos a la penúltima parada de la noche, mis ojos se cerraban, Garibaldi.

Basilica, otro must.
Subale todo, señor de los toques
Al llegar aquí lo primero que hicimos (como buen mexicano) fue ir al mercado a comer, después de verificar con una fuente fidedigna cual era el mejor lugar para comer, tomamos asiento con el gordo Tamazula. Para mí una birria grande, ellos pidieron cochinita pibil, panuchos, chilaquiles y otra birria. Era tiempo de que me luciera otra vez con nuestros deleites gastronómicos, y pedí una jarra de agua de Jamaica, cosa que les gustó, pero nos los impresionó. Luego pedí una jarra de tepache (iugh) y eso les encantó. Estimaba a estos chicos, pero eso rompió mi corazón. Luego de probar la Jericaya reglamentaría, fuimos a la plaza, y después de varios recuerditos, toques eléctricos y hasta una canción improvisada por mariachis, íbamos al último punto de la noche antes de que yo sufriera un coma epiléptico por cansancio.



Llegamos al Ángel de la independencia, el monumento más representativo de la ciudad (a mi buen juicio), ellos me preguntaron un par de cosas, pero alegué cansancio y no pude responder las preguntas básicas. Mientras ellos bajaban a fotografiarlo, yo me quedaba en el auto planificando la jornada de mañana. Ya fantaseaba con mi humilde cama. Minutos después me enfilé al centro y los dejé en el hostal, doce minutos después estaba en casa, listo para cerrar una jornada francamente maratónica: Acapulco, pirámides, basílica, Garibaldi, Ángel de la independencia.
Arquetipos mexicanos


Dormir-Domingo.

Después de acostarme a más de media noche, me levanté después de las diez a eme del domingo, algo casi increíble. Habíamos perdido a un importante elemento del equipo viajero: a Daniel, porque su vuelo salía el domingo por la mañana, así que me quedé con las chicas. Ellas llegaron a mi casa en Uber después de las doce del día. La primera parada del día era Xochimilco. Manejé menos de una hora. Al llegar lo primero que compré fue una michelada típica, algo que tenía pendiente desde hace varios días. Las chicas le tomaban fotos a las trajineras y yo a mi cerveza, típico, Juan siendo Juan. Ellas decidieron no subirnos a dar toda la vuelta, por cuestiones de tiempo. Ellas compraron un helado típico y yo un taco de carnitas, que solo Angela se animó a probar (con todo y salsa). Tiempo de movernos.
Juan siendo Juan.

La segunda parada era Coyoacán, el clima no parecía tan deprimente como el día anterior, error. Llegamos al museo de Frida Kahlo, otro de los destinos imperdibles para el extranjero en la bonita ciudad de la CDMX. Después de comprar los boletos en línea, confundir un Uber (chiste local) y hacer fila por un rato, entramos al ex hogar de Frida. Las chicas estaban maravilladas con las fotos y pinturas, yo ya lo conocía, gracias de nuevo, escuela primaria. Después de un largo recorrido que desembocó en tormenta, nos encaminamos al centro de Coyoacán. Comimos un elote (choclo) asado con chile, probamos el típico chocolate del moro, y las lleve a través de los bazares de recuerdos. De nuevo una caminata maratónica y mis pies ya pedían trinchera de nuevo. Volvíamos al hostal, tenía que manejar de nuevo. Todo el camino estuve pensando en los días anteriores y siguientes, hasta llegar al centro. El tour había acabado, pero la aventura no…


Aquí yo ya podía decir que sí era un buen guía de turistas, recorrí muchísimos puntos de interés en poquísimos días, y los visitantes no pudieron quedar más satisfechos. Probaron, tomaron, conocieron, vieron y compraron mucho de lo que extranjeros no pueden en una semana. Siempre creo que las mejores personas para los tours son los lugareños.

Aquí concluye la historia de las crónicas de viaje de Perú en México. Unos días relámpago que disfruté montones. Sé que no pasarán años para volver a tener otro reencuentro. Siempre hay promesas pendientes. ¿Debería trabajar como guía de turistas los fines de semana? ¿Debería trabajar como escritor de crónicas viajeras? Ustedes ya saben, los tours se siguen dando aquí, los precios son variables, y para todos los gustos. Tenemos de carreteras, de bicicleta, de cafeterías, de cantinas, de lugares de mala muerte. Usted pregunte, tenemos descuentos para extranjeros y provincianos

miércoles, 26 de julio de 2017

Reseña de El orgasmografo de Enrique Serna

Portadas sugerentes
Título: El orgasmografo
Autor: Enrique Serna
Número de libros leídos del autor: 1
Editorial: Plaza Janés
Género: Cuentos/Humor negro/Ficción transgresora
País donde sucede: México
País de origen del autor: México
Año de publicación: 2002
Páginas: 237
Días para acabarlo: 2
Calificación personal: 5/5

Previo: Orgasmos que no tienen que ver con mojigatería…

¿Han escuchado la palabra mojigatería? Según las acepciones que recuerdo, dícese la persona (hombre o mujer) que le fascinan las bajas pasiones, pero no se atreve a expresarlas por pudor. Según la RAE: que muestra exagerados escrúpulos morales o religiosos; yo le añadiría la cuestión sexual. Leyendo los comentarios de usuarios de Goodreads, surgió la idea del previo, decían que el titulo tenía ver con la mojigatería, a lo que yo no comprendí muy bien la relación, así que yo les pregunto. ¿Un orgasmo tiene que ver con la mojigatería? Por mi parte creo que los mojigatos tienen menos orgasmos que la gente normal, aunque no podría asegurarlo. La verdad es que no he pensado mucho en cómo sería tener un orgasmografo, pero ahora pienso que es una buena idea.

¿Cómo lo conseguí?

Otro de los integrantes que compré en un tianguis de libros usados, por una módica cantidad mayor que los otro dos. Yo tenía pendiente el libro de Fruta Verde del mismo autor, desde hace mucho, pero esto ha sido un comienzo, un excelente comienzo.  


Un poco acerca del autor…

Nunca había oído de Enrique Serna, pero pronto me di cuenta de que tiene un gran número de seguidores, parece que los mexicanos somos adictos a la decadencia de sus escritos. Pronto encontré extremos a su fanatismo, o lo amas o lo odias, no hay puntos medios. Habrá más de él por aquí, atentos.

Reseña

La sinopsis del libro decía que en una utopía la gente llevaba contadores de orgasmos, por lo cual yo pensé que las historias que aquí encontraría serían narradas por esas personas, una especie de historia entre historia. No podía estar más equivocado. De las siete historias, seis me encantaron, aquí un pequeño comentario de cada una.

Vacaciones pagadas: Un cómico cae en unas vacaciones indefinidas totalmente pagadas y cae en un declive personal.
Tesoro viviente: Una escritora francesa acaba en un rupestre pueblo africano que esconde un secreto literario.
El matadito: un retrato de un Godinez de antaño cae en depresión en el día de su cumpleaños.
La palma de oro (mi favorito y más extenso): Un director de arte se ve forzado a dirigir novelas, pronto es absorbido por el medio.
El orgasmografo: a las personas de una lejana distopia les piden una cuota de orgasmos semanales pero una chica se rehusará.
Tía Nela (excelente para cerrar): La historia de un travesti y su tía.


Opinión

Sí, probablemente esta sea de las mejores compilaciones de cuentos que haya leído este año. Pero ¿Dónde radica su genialidad? No radica en la elaboración de la trama, de la decadencia (que muchas personas alaban) de los personajes, ni de la profundidad de los cuentos, no, la genialidad radica en la sencillez de narrar las historias, te saben cómo si tu compadre de toda la vida te estuviera contando un chisme de vecindad.

Partiendo de la anterior premisa, no creo que Serna se pueda/deba comparar con otros autores que abordan la ficción transgresora o cosas más sórdidas, sencillamente creo que no es su estilo. Sus historias no me hicieron sentir melancólico, sucio o algo por el estilo, me dejaron pensativo por todo lo que se pudo haber ahorrado si hubiesen sido prudentes o más maduros. Solo eso. Creo que no adentra en la desgracia como otros autores, y miren que he leído a autores que te hacen sentirte una basura por solo tener un techo.

Además de palma de oro, que me resulta tan mexicano y tan fielmente Televisa, “El matadito” logró transmitirme una sarta de sentimientos, y al leer la conclusión todo el aire que llevaba salió despedido en un agónico suspiro, algo parecido sucedió en “La tía Nela”, pero acabé más sorprendido. Sin duda esos giros de tuerca pequeños pero decisivos son otra cosa que destaco.

No estoy enteramente seguro por qué no había leído al autor antes, si suena tanto a mi estilo. En estos momentos leo Fruta Verde, así que rompí mi regla no escrita de leer a un autor consecutivamente, pero es que quedé tan inmerso que quería seguirlo leyendo.

Habrá más del autor aquí, mucho más, probablemente en un tiempo que no será pertinaz, pero es mi blog y se publica cuando quiero.


¿Creen que podrían llenar su cuota semanal de orgasmos?

lunes, 24 de julio de 2017

Crónicas de viaje: Queremos ir a Acapulco, como el chavo del ocho



Ah, ah, que buena mañana para escribir una crónica de viaje. Las últimas dos semanas de este mes han estado más movidas que todo el año. Como recordarán en su última edición, el primo de alguien había llegado casi de imprevisto, por lo cual hubo que improvisar dos crónicas. Ahora, había una persona que sí tenía contemplada en la agenda, y que estaba ansioso por ver, después de una fallida llegada en el mes de abril y no vernos después de dos largos años…

Jueves (de nuevo). Una lluvia tórrida azota la ciudad. Una ciudad que puede presumir de todo, ahora hasta inundaciones en cuestión de minutos. Salí del trabajo, y me dirigí a dejar el auto en casa, tomaría el transporte público…hasta que la lluvia me dejara. Logré abordar uno, y me encaminé hacia el centro, mi amiga de Perú y sus amigos esperaban por el mejor guía de turistas improvisado…que conocían. Llego al centro con una hora de retraso, algo que no es común, pero tampoco es que pudiera controlar las inclemencias de la lluvia. Llego al hostal, cruzo palabras con la recepcionista. Anuncio mi llegada. Tomo asiento, no traigo libro, así que me pongo a mirar mi celular. Las personas creen que no siento nervios, nervios de ver a una persona que no has visto en años. De pronto todo el tiempo que transcurrió se comprime a escasos segundos de volver a vernos. Tiemblo por dentro, sigo esperando. Ella se aparece por las escaleras y le doy un largo abrazo, sí soy malo para las despedidas, soy peor para los reencuentros. Ella trae una bolsa llena de presentes, pero al instante le digo que he dejado el auto, y que ya habrá tiempo para verlos. Sus amigos se presentan, dos chicas y un chico. Sus nombres son Dalia, Charito y Daniel.

La pandilla
Comienza el recorrido, nos encaminamos a la catedral, pero la primera parada exprés es probar la torta de tamal verde, después vamos por detrás de las ruinas de templo mayor y les enseño algunos vestigios. Llegamos a la catedral y sesión de fotos y selfies inicia. La segunda parada exprés es probar los míticos tacos al pastor, paramos en una taquería cerca del zócalo, y mis amigos peruanos quedan maravillados…y enchilados. Creo que saben el dicho que, si un mexicano dice que no pica, a un extranjero le picará, y que, si a un mexicano le pica, mejor debes alejarte. Aseveración que en todo el viaje fue correcta.
Tacos al pastor, mi amor.
La primera parada establecida es en El Talismán de Motolinía, donde probamos distintos tipos de mezcales desde el joven, espadín hasta uno que estaba concentrado en mango y en hierbas aromáticas. Después de como aprender correctamente el mezcal y acompañar los tragos con unos chapulines al centro de la mesa, proseguimos sobre la calle de Madero. Al llegar al Palacio de Bellas Artes la sesión de fotografías continua. Pasamos por el Hemiciclo a Juárez y el destino final será el Monumento a la Revolución. Durante todo el recorrido intento aportar datos de México, sus costumbres, y la forma de vivir en la gran ciudad. ¿A quién engaño? Me fascina presumir la ciudad y me pinto solo para ello. El tiempo se va volando, y ya es de media noche, recomiendo terminar por el día de hoy porque el viernes habrá un viaje importante: Acapulco. Ellos piden Uber, y yo me quedo unos minutos solo, esperando el mío; minutos que utilizo para trazar algunos puntos de interés en mi mente. Estuve esperando esta fecha por meses y no se me ocurren muchas cosas, así que como siempre… improvisaremos. Improvisar, aquella cosa espontanea que me sale de maravilla. El Uber llega y me dirijo a casa, he de dormir…un poco.

Chapulines y mezcal la pareja perfecta
Vi-vi-viernes. Me levanto a las seis cuarenta y cinco, justo como un día laboral, pero hoy no habrá trabajo, habrá Acapulco. Me dirijo al centro y llego en cuestión de minutos. La ciudad sigue con un clima depresivo, y la lluvia se mantiene a niveles bajos pero constantes. Después de una pequeña demora, nos enfilamos hacia el sur, y como siempre en la CDMX, hay tráfico. Logramos llegar a la primera caseta, tomo un trecho de carretera, y las horas que invertí en la carretera comenzarán a contar desde aquí. Unos cuantos minutos después llegamos a Tres Marías, lugar reglamentario para todas aquellas personas que se dirigen a Cuernavaca o Acapulco. Hablo con la señora que nos atiende, y pido un surtido de quesadillas de ingredientes mexicanísimos: huitlacoche, flor de calabaza, chorizo verde, cecina, sesos y para rematar un pambazo. Ellos están completamente fascinados por la diversidad de sabores (y yo sigo pensando en mi cebichito limeño que tanto amo y extraño) y temerosos por el picante. Después de comprar un par de recuerdos nos enfilamos a la segunda parada semiplaneada: Taxco.

Al llegar a Taxco hube que bajar una de las peores rampas inclinadas de la vida, al salir del estacionamiento había un centro joyero, donde los acompañantes compraron algunas joyas y platería, yo solo me dediqué a mirar. Después de varias compras nos dirigimos al centro de la ciudad, después de sortear algunas calles empinadas y una galería de un excelente pintor mexicano, llegamos a la catedral. Adivinaron la sesión de selfies continúo. Mientras ellos decidieron entrar a la iglesia, yo me quedé fuera mirando…a las personas, el panorama. La presencia del ejército siempre pone un poco tenso. Como era una visita exprés, nos movimos rápido y después de comprar churros, sombreros y otros menesteres, volvíamos a la carretera; a los brazos de Juan no les gusta eso.

Catedral de Taxco
Después de equivocarme de carretera (elegí la libre y no la de paga), y de sortear un toro en el camino, unos federales que me regañaron por rebasar y decenas de carros -y conductores- francamente imbéciles para manejar, volvíamos a una carretera digna. Las horas de manejo iban en aumento y el entumecimiento de mis brazos también. Pasaban las horas, yo seguía concentrado. Canciones pasaron: de Juan, de Angela, de Juan para Angela, de Angela para Juan, de Juan para los demás y de Angela para los demás. Todo iba sobre ruedas, hasta cruzar Chilpancingo. El clima en esta zona (no estoy seguro si es sierra, montaña  o selva) es bastante húmedo y cálido a la vez, y como estamos en temporada de lluvias… en este punto he de decir que nunca había tenido tantos nervios de manejar como esta vez (ni siquiera en las curvas de Puebla de noche), el mini huracán que se había desatado me impedía ver más allá de unos metros, así que tuve que bajar de 140 kilómetros por hora, a menos de 60. Mi concentración fue tanta que tuve que poner mis luces altas y quitar la música, en verdad no veía absolutamente nada. Después de unos minutos de verdadera tensión, la lluvia amainaba y yo suspiraba. Kilómetros sin lluvia después, llegábamos al puerto de Acapulco.

Como ustedes sabrán no me fascinan los hoteles, (soy un chico de hostales) ni mucho menos planear la llegada. Así que como siempre improvisé. Después de una pequeña charla con los promotores, conseguí una ganga de último momento. Todo estaba mejorando, ¿qué podría salir mal? Estábamos en Acapulco, bitch. Llegamos al hotel, nos cambiamos rápido y salimos disparados a la playa, a disfrutar un par de horas de sol. El mar estaba demasiado picado y agresivo para poder meternos, así que opté por un paseo en la playa, durante el paseo, vimos a los baywatch morenazos haciendo presente su galanura y destreza salvando a irresponsables que se metían sin saber nadar. Mientras los demás se quedaban en la playa, disfrutando de los vendedores ambulantes y sus maravillas. Permíteme decir en este momento que, si no has sido abordado por un vendedor ofreciéndote desde unos ostiones en su concha recién salidos hasta un masaje con aceite de Cacahuamilpa, en Acapulco o en alguna playa, no has vivido. Después de una cubeta de cervezas, decidimos ir en grupo a caminar por la costera, minutos después anochecía.

Acapulco, encuentra al baywatch

Volvimos al hotel para quitarnos la arena y ducharnos, pero el tiempo se iba volando, así que salimos por última vez para cenar, y aunque mis ojos decían quédate a dormir, mi estómago decía ver por ese pozole verde estilo guerrerense. Después de una cena bastante sustanciosa, que incluyó pastor, pozole, tostadas y un par de litros de agua, ahora sí necesitaba moría por dormir. Al volver al hotel me acosté, y en menos de lo que acababan de contar una historia de cumpleaños peruanos, yo ya estaba cerrando los ojos y soñando que nadaba en el mar. Era el conductor resignado, y alguien tenía kilómetros de carretera pendientes. Aunque hacia bastante calor, y yo tenía gripe, dormí a la perfección.

Y, sí, soñé con el mar, con un paraíso en el que debía estar. Aunque no sabría cuando me volvería a encontrar en un lugar así, me dejé envolver, disfruté el momento y me sumergí lo más profundo que pude. No quería creer que todo era un sueño.

Aquí concluye la primera crónica, el próximo lunes la segunda y última. Pero no se la pueden perder, habrá lugares significativos, como pirámides, basílicas y alimento mexicanísimos.

¿Alguna propina para el guía de turistas?



viernes, 21 de julio de 2017

Fragmento 876: Cartones y callejones


Silbo. No sé que canción es, solo recuerdo la tonada, y ha estado anclada a mi mente por horas. Horas largas de insomnio en las cuales no puedo pegar el ojo. Noches desastrosas donde me pongo a oír todos los ruidos del cubo de la vecindad: gemidos de placer, gemidos de dolor, risas, sollozos. Te asombrarías cuanto puedes escuchar en una noche a las tres de la madrugada si lo haces atentamente.
Era mi cuarta noche sin dormir; mi cuarta semana sin empleo.  Las cosas se estaban complicando, ayer tuve que buscar en los restos de basura algo que comer, el dinero se me acabó, la vida se me está acabando. Vivo en cuarto de una desastrosa vecindad, el último regalo de mi madre antes de morir. Me cuesta creer que ella tuviera tanta fe en mí, cuando siempre fui un idiota en la escuela, nunca me podía concentrar en las materias, solo me concentraba en las cosas absurdas que nadie se fijaba. No reaccionaba cuando decían mi nombre, me sentía mejor solo, y me irritaba con facilidad. Ella nunca lo comprendió. No la culpo.

A la quinta noche me decidí a buscar otra solución, mientras hurgaba en la basura vi a un cartonero, el cual me preguntó que hacía en su territorio, le dije la verdad, mi madre acababa de morir, y mi empleo también. No tenía más familia ni cómo sobrevivir. Después de hacer una mueca, accedió a que me incorporará con él, y esa noche recolectamos cartón juntos. No era gran lujo, pero me sentía más productivo que en el último mes.

Dentro de un par de días encontré la fascinación el cartón, en sus pliegues, en su textura, en su olor. Sonará idiota, pero el cartón me hacía mucho más feliz que otras personas, pronto comencé a guardar un poco para guardarlo en vez de venderlo. Comencé a recolectar de día además de la noche, pronto comencé a enojarme cuando veía que la gente lo maltrataba o lo cortaba sin cuidado. Estaba obsesionado con el cartón. Ahora lo sabía.

Una noche, el cartonero de la primera vez iba bastante ebrio, tenía días sin verlo. Él no me había visto, de pronto comenzó a orinar sobre el cartón que yo había recolectado por el día. Sentí mis manos tensarse. Mi mandíbula contraerse. Mi enojó se desbordó y me superó, me le lancé sin contemplación, lo derribé, y tomé una pequeña navaja que el poseía para cortar el cartón, lo acuchillé. Una vez que empecé no pude parar, una tras otra, adentro afuera, imaginé todo lo que el cartón sufría mientras la gente lo cortaba y maltrataba. Alguien debía parar por todas las injusticias. Yo comprendía las necesidades del cartón, ellos no. Seguí introduciendo la navaja en el cuerpo inerte del cartonero, ya no había respuesta. Había perdido el control.

La voz pastosa del cartón sonó en mi mente, me decía que debía deshacerme de él a la brevedad, o nos privarían de estar juntos. Tomé un diablito para el cartón, y subí al que creí que era mi amigo, le puse cartón encima para disimular, el cartón me lo ordenó así, yo no quería dejarlo, pero obedecí. Caminé jalando el bulto, no era algo más para mí. Al llegar al callejón di un par de vueltas, decidiendo si dejaría mi preciado cartón encima de un paría que no valía nada, lo tuve que hacer, y me alejé sin mucha convicción. No sentía remordimiento, exceptuando el cartón.

Tenía que seguir juntando cartón, nada me detendría.


**El fragmento anterior fue inspirado en un hecho real, que sucedió en las calles del centro historico, evidentemente el tema del cartón es mío.

miércoles, 19 de julio de 2017

Reseña de El peruano imperfecto de Fernando Ampuero

Pose de cangrejo
Título: El peruano imperfecto
Autor: Fernando Ampuero
Editorial: Debolsillo
Género: Ficción
País donde sucede: Perú
País de origen del autor: Perú
Año de publicación: 2011
Páginas: 331
Días para acabarlo: 5
Calificación personal: 4.7/5

Previo: Personas imperfectas

¿Qué es la perfección y por qué estamos tan obsesionados con esta? Según mi asimilación de perfección es aquella característica de algo o alguien de no poseer defecto o falla alguna. Si bien comprendemos que el humano tiende a la perfección en alguno de sus aspectos, jamás aspirará a la perfección total, y esto nos queda claro, porque si el humano fuera perfecto, sencillamente ya no sería humano. Ahora la segunda cuestión es ¿qué tiene de malo ser una persona imperfecta? Todos somos imperfectos, a mayor o menor escala. Probablemente yo sea una de las personas más imperfectas que exista en el mundo, pero algo he de tener que soy llamativo para las otras personas que tienden a serlo; tal vez solo me he dado cuenta de que jamás seré perfecto y lo acepto. Y la pregunta final es, ¿tendemos a ser perfectos o perfectibles? Les dejo tres sencillísimas preguntas, como tarea para la próxima semana.


¿Cómo lo conseguí?

Regalo de una persona muy especial en mi vida, fue el regalo del último viaje. Ella me confesó que compró el libro por corazonada, sin saber mucho del autor. Yo le dije que esos son los libros que más se disfrutan, aquellos que provienen del corazón.


Un poco acerca del autor…

No había oído nada de él, pero basado en la biografía del libro me doy cuenta de que es un escritor diverso, bastante reconocido por su compilación de cuentos más que por sus novelas. Sé que habrá más del autor acá, pero no sé cuándo.

Reseña

Pedro José es hombre que ha vivido la vida con esplendor, logrando conseguir un trabajo de escritor que le permitiría satisfacer todos los requerimientos de la juventud. La novela que confunde entre autobiografía y ficción abordará temas que consagraron al buen Pedro José.

Se tocan temas de interés que forman a cualquier hombre como las mujeres, los libros, los viajes, los trabajos y finalmente todos estos tópicos convergerán en una forma de pensar y de conducirse que lo harán autodenominarse un peruano imperfecto (pero que está cerca de serlo).

A través de la radiografía de un caballero perteneciente a la clase alta de Lima, se presenta “El peruano imperfecto” una novela peruana que diagnostica lo ínfimo de Perú y lo más alto, narrado por un solo punto de vista, el de la clase alta.


Opinión

El principio del libro me costó, la descripción de lo que ya es, podría parecer demasiado irrelevante. Pero una vez que agarra forma, y se va a los comienzos, ya no puedes parar, te engancha. Leer de una vida (ya sea real o no) te genera bastante curiosidad: la infancia, la adolescencia, las flacas, los viajes, los chismes, las aventuras, los libros, las experiencias y más mujeres.

Aunque mi peruano sigue fresco, aún hay partes que no acabo de comprender con total claridad, y creo que nunca lo haré. Pienso que el autor toca detalles demasiado nimios o que la trama cuenta con demasiados altibajos con el ritmo. Siempre hallo un poco de comunismo en los libros de Perú, y siempre hallo pequeños guiños que hacen referencia a México, y evidentemente eso me encanta.

Hubo muchas partes predilectas, desde las narraciones con las chicas que tuvo algo (la primera y la última) hasta su viaje por Europa, disfruté y evoqué totalmente lo que el autor quería decir. Olvidaba el viaje a Cusco, memorable. Además, hubo decenas de frases que rescaté; es un libro bien trabajado y seguro el autor tuvo que leer muchísimos libros.

El personaje principal no es detestable como podría parecer en las primeras páginas, sino totalmente entrañable. Podría parecer un tipo rico común y corriente, pero la verdad es que todas sus acciones y actos tienen un motivo fuertemente fundamentado. Además, él podría parecer egoísta y frívolo, pero se preocupa demasiado…*proyección a la vista*.

Finalmente devoré el libro, quería saber más y más de Pedro José (ojo con el nombre de telenovela), y aunque sí lo disfruté, creo que debí haberlo paladeado un poco más. Es un libro recomendado para mexicanos y obligado para peruanos. Una excelente crítica de una parte desconocida del Perú.

Si él es el peruano imperfecto, yo soy el mejicano imperfecto.

Citas

"El trasero es un fetiche de poder ilimitado, siempre y cuando lo pongan en valor. La lujuria nunca duerme."

"Sexo sin culpa, el más probado antioxidante. Y nada con lo otro, el sexo con culpa, que ese trae problemas, dado que el pecado es irresistible y deliciosamente enfermizo."

"Hay chiquillas a quienes les gustan santurrones, pero pienso que son pocas. A la mayoría les gustan los canallas. Tiene que ser un poco malo, y hasta algo grosero para llamar su atención. Pero cuidado si eres demasiado grosero, te detestan."

"Cada mujer es un albur y un planeta aparte."

"La serenidad es señal de madurez."

"O cedes al gustito de contar, o te quedas con el inestimable placer de tirar. Él escogió lo segundo."


"¿Mentir? Yo no miento; oculto información, que es muy distinto. Y te aclaro que si ahora mantengo una vida secreta es tan solo para no herir a quienes quiero."

"Estoy feliz. Ahora, en este instante, no soy una isla infeliz. No lo tomes a mal, pero estoy pasandola magnifico. Tal vez no sea un individuo tan profundo como me había creído."

"La felicidad es una jaula estrecha donde rara vez caben dos personas."
"Siento de veras tu ausencia, casi como un dolor físico."

"¿Los seres humanos están diseñados para ocasionarse desdichas unos 

miércoles, 12 de julio de 2017

Reseña de La fiesta de los niños desnudos de Imanol Caneyada

¿Sinfonía o escena griega?
Título: La fiesta de los niños desnudos
Autor: Imanol Caneyada
Editorial: TusQuets
Género: Ficción, Thriller
País donde sucede: México
País de origen del autor: México/España
Año de publicación: 2017
Páginas: 257
Días para acabarlo: 3
Calificación personal: 5/5

Previo: Dejarlo todo y escapar…

Casualmente los hechos que se han presentado en mi vida han hecho rondar por mi mente eso de escapar. Pero esta vez no es escapar para encontrarme a mí mismo, he mejorado mucho en ello, después de varios meses de estar sin un rumbo personal, por fin me siento más en armonía conmigo mismo y los actos de mi vida. El motivo por el cual escaparía en esta ocasión sería para encontrar otra cosa, pero definitivamente no es a mí mismo. Desde que leí esa historia de Palahniuk donde los ricos se hacían pasar por pobres, para encontrar el motivo en la vida, he tenido ganas de dejar mi zona de confort (sí, aunque lo duden esto es una zona de confort) y volver a las aventuras. No sé qué pueda pasar, nada está dicho, todo es aleatorio, y todas las cosas tienen un motivo particular, así que dejaremos que la vida nos revuelque… justo como siempre lo ha hecho, pero no se vale cerrar los ojos, el paseo es lo que más divierte.


¿Cómo lo conseguí?

Vi anunciado este libro en la cuenta de Twitter del autor, así que quería leerlo a la brevedad, intenté contenerme, pero a la primera ida a la librería no pude hacer nada, y lo compré. No me arrepiento.


Un poco acerca del autor…

El señor Caneyada es un viejo confiable en el blog, con un par de libros leídos en los últimos meses se ha posicionado firmemente como de mis autores mejicanos favoritos.

Reseña

Gregorio es un pianista frustrado con la vida, con su padre y con sus aspiraciones; principalmente con su padre, al que culpa de todos sus problemas actuales. Su pésima vida en pareja, su trabajo fallido y básicamente su mediocridad. Cuando su padre cae en un misterioso coma, Gregorio ve en esto su oportunidad de liberarse de este sinuoso peso.

Mientras la estancia de su padre en el hospital, un singular personaje se aparece, un mendigo con dotes para tocar el piano. Pronto, Gregorio atribuirá capacidades irreales al mendigo, y Gregorio hace una promesa para reunirse con él en su mundo de inmundicia.

A través de la radiografía de aquello que no es la vida, pagar años una hipoteca, tener un trabajo mediocre y una familia común y corriente, se presenta “La fiesta de los niños desnudos” la más reciente novela de Caneyada. ¿Logrará Gregorio salir airoso de la travesía al mundo vagabundo?


Opinión

Lo primero que he de decir es que Caneyada jamás logrará escribir nada que me guste más que “Espectáculo para avestruces” uno de los mejores libros que he leído en toda mi vida; jamás un sociópata me generará tanta admiración y valemadrismo. Segundo, este es uno de los libros que más me ha gustado este año (principalmente por la temática) así que asegura su top en lo mejor del año.

Sentí al autor más suelto, más valemadre, más directo y más sucio, si antes lo habíamos leído sin impedimentos, ahora no se guarda nada. Llama a las cosas por su nombre: sexo, verga, pene, puta, pendejo, blah blah. Curiosamente no de una manera nada vulgar, sino coloquial. Celebro esto, no todos los autores pueden sonar tan naturales. Me recordó muchísimo a Buda Blues de Mario Mendoza, autor que leí años atrás.

Tuve una parte favorita, que mejor dicho es la transición que sufre el personaje a través de toda la obra, fue notable y bastante marcada; que experimento social tan más reconfortante y aventurado: dejar tu vida para unirte a una comuna de vagabundos. ¿Cuántos tendríamos el valor de hacer eso?

Es un libro raro, fuerte, yo lo clasificaría como indescriptible (al menos en el género). Te mantiene sin ascuas sin ser de suspenso, y te hace querer que pasará. Probablemente el punto flaco sea el final, pero eso se los dejo a su consideración. Definitivamente es el que más he disfrutado (obviamente después de Espectáculo…) de él.

Un libro que me gustó me hizo reflexionar, y me movió ciertas cosas en mi interior, a primera instancia no parece tan profundo (probablemente parezca fantasioso o morboso) pero, al pasar de los días la inmundicia y la suciedad de los vagos seguirá anclada a tu mente. ¿Podría parecer exagerado… o no?

A veces quisiera ser un niñoque baila desnudo en una fiesta…

Citas

"Cada vez que me veía, mi padre recordaba todos sus sueños rotos, los propios y los que había depositado en mí."

"De pronto ya no quise regresar a casa. No tenía una casa. No tenía nada más que rencor y miedo."

"Todos ustedes han vivido en carne propia. Vejaciones, abusos, golpes, insultos. Todos ustedes son una herida sangrante que el mundo ve con desprecio. Son víctimas del patriarcado que exalta el poder. Poder sobre los otros. Poder sobre el hijo, la esposa, el débil, el enfermo. Cada uno de ustedes es un ser inmenso lleno de gracia, un plan perfecto, un diseño divino que no tiene que pedir perdón por existir, ni dar explicaciones. Nosotros, los olvidados, somos los hombres del mañana."

"Cierto que en algún momento de nuestra existencia todos deseamos saltar al vacío, despojarnos de nuestro para ser otro."

"Había perdido el control, pero nunca antes había sentido con tanta precisión la claridad de mi destino."

"Ese ente oscuro que había reprimido todos esos años se hacía presente, ya no como un desdoblamiento, sino como una plenitud."

"Su voz sonó en la oscuridad como liquido derramado."

"Desperté sin su cuerpo y por un segundo pensé que había sido un sueño."


"No solo era sexo. Eran las convicciones susurradas, la inteligencia de nuestros cuerpos, el regocijo en las miradas. Era la certeza de que nada podía faltarnos porque nada anhelábamos. Era la ausencia de poder, ni ella ni yo lo buscábamos."